lunes, 13 de julio de 2020

Lo que mi fe ha hecho por mi


Desde muy pequeño fui instruido en la fe en Dios. Si eres hispano como yo, existe más de un noventa por ciento que hayas crecido en un hogar católico. Yo fui a colegio católico y en todos los grados me daban religión para aprender cada día más acerca de lo que Dios ha hecho por nosotros.

 

Realmente no se si es la manera como la iglesia católica presenta esta información, que fue hasta después de mis treinta años que vine a entender lo que eso realmente significaba y sus repercusiones para mi, mi vida, mis relaciones, mi familia y hasta mis finanzas.

 

Recuerdo que durante más de treinta años fui instruido (quizás adoctrinado) de muchas cosas positivas y amorosas y otras castrantes y atemorizantes. No hasta hace mucho (una década) le tenia horror a la muerte por el simple susto de no saber para donde iba al morir. Mi vida sexual padeció estragos por las creencias limitantes y castrantes aprendidas. Muchas de mis relaciones se vieron altamente impactadas en negativo por la misma causa. Esas mismas creencias no me permitían florecer en el campo financiero. Pregunto: ¿Es justo responsabilizar a una religión de todos estos males? No lo creo. Pero si a las creencias que uno forma relacionadas a dichas creencias religiosas.

 

Desde hace más de una década me uní a una iglesia cristiana (protestante) del ala más conservadora -luterana del sínodo de WELS-, quienes guardan grandes parecidos a las estructuras, sobre todo litúrgicas, a la iglesia católica. Quizás por ese hecho me sentí atraído, era algo diferente, pero no tan diferente.

 

El mensaje que recibí de ellos y que aun día sigo recibiendo, está basado en los mismos principios católicos (léase universales) donde colocan a Dios en medio de todo. Se hace y se dice para que todo responda al primer mandamiento de la ley de Dios. Si centras toda tu atención, tus fuerzas y tu corazón en ese hecho todo lo demás vendrá solo hacia ti.

 

Este cambio de perspectiva de un Dios enojado, sediento de justicia, buscando a quien castigar y mandar para el infierno, por un Dios todo bondadoso y amoroso, justo en su proceder, sabiendo que todo pecado merece castigo, pero dispuesto a perdonar por adelantado si se cree en lo que El dice, hizo que mi vida diera un giro en positivo en casi todos los aspectos.

 

Primero, perdí el miedo a la muerte. Ahora cuando pienso en la muerte, solo me da tristeza dejar este plano de existencia porque voy a dejar (momentáneamente) a las personas que amo y las cosas que me gustan. También se que el cielo me espera con cosas mucho mejores que se escapan a mi limitada imaginación terrenal.

 

Segundo, aprendí a tener una relación amorosa con Dios, en donde me acostumbré a vivir en estado de gratitud hacia Dios, de du bondad, gracia y misericordia.

 

Tercero, mi vida sexual cambió para mejor. Quizás no se movió hacia donde hubiese deseado antes, pero ahora la vivo como lo que es, una demostración única y genuina de amor hacia la mujer que amo.

 

Cuarto, mis finanzas se volcaron hacia el terreno de la fertilidad. Todas esas culpas y creencias limitantes tan negativas me dejaron y fueron sustituidas por nuevas ideas de la abundancia divina de Dios en mi vida, muchas veces manifestada en la libertad de la abundancia financiera.

Antes veía y entendía que el poseer riquezas materiales me daba un puesto en la sociedad, en donde podía relucir entre muchos por mi capacidad de hacer dinero y hasta quizás me ayudara a comprar mi felicidad. Ahora ese sentido de ser alguien en la vida ya no viene de ahí. Yo soy valgo por saber de quien soy y de donde vengo, y sobre todo hacia donde voy. Yo soy (al igual que tú) un hijo de Dios, Padre Todopoderoso, Rey del universo. Fui hecho a su imagen y semejanza, la cual solo proviene y va hacia el amor. Y voy a reunirme con El tan pronto El me llame a casa, y ese día será el mejor de todos los días “vividos”.

 

También me ha enseñado a bajar la crítica y el juicio hacia mis semejantes. Ahora veo a todos por igual, como a mi, de carne y hueso, susceptibles de vivir en cualquier tipo de gracia o desgracia. Los miro con amor y compasión, y hago lo propio conmigo mismo.

 

Yo no soy cristiano para aparentar ser buena persona. Soy cristiano porque creo esa es la voluntad de quien me creó. Si hago cosas buenas y positivas no son para ganarme el cielo, pues eso ya lo hizo Jesucristo mediante su vida perfecta, muerte en la cruz y resurrección. Lo hago como mera demostración de cariño y agradecimiento por todo lo que ya PapaDios hizo por mi y los míos.  

 

Entiendo que moriré siendo tan imperfecto como nací, pecador hasta el ultimo segundo de existencia, pero se y estoy convencido que tengo un Padre tierno que me ama tanto que hasta entregó a su propio Hijo por mis pecados y por ese sacrificio me perdona de toda maldad.

 

Esta verdad me libera, me hace realmente libre y me permite vivir esta vida a mis anchas, apreciando cada momento, cada circunstancia, cada persona.

 

Tu puedes hacer los mismo y obtener los mismos resultados. Te invito.

 

lunes, 8 de junio de 2020

Newton en las relaciones


Isaac Newton publicó en su obra “Philosphiae naturalis principia mathematica (1687)” sus famosas leyes del movimiento. Estas son:

 

1)     Ley de la inercia

2)    Ley de la dinámica

3)    Ley de la acción y reacción

 

La primera ley, la de la inercia, plantea que un objeto solo varía su velocidad si hay una fuerza que externa que actúe sobre el. Se puede entender como la tendencia de ese objeto o cuerpo a seguir como está.

 

Este principio se ve reflejado en la actitud de muchas personas en las relaciones, bien sea de pareja, de padres a hijos, entre hermanos, amigos o en los negocios. Hay personas que se plantan en una posición tan rígida que ni un huracán las mueve de ahí. Solo falta que suceda una verdadera fuerza (interna o externa) que ejecute la ley y lo saque de su estado inmovilidad o de no querer cambiar algo que ha estado perjudicando en alguna manera la relación, por ende, la convivencia. Esto puede ser a través del desarrollo de una enfermedad terminal, la misma cercanía a la muerte por accidente, el rompimiento de una relación importante, una pandemia, etc.

 

La segunda ley de la dinámica. Se puede aplicar a las relaciones en ambos sentidos. Tanto para cosas positivas como negativas. Prefiero elegir una positiva para contrarrestar un poco los otros dos ejemplos que utilicé para las otras leyes. Esta segunda ley implica la existencia de una relación entre la fuerza que se aplica sobre un cuerpo debe ser proporcional a la aceleración que tendrá dicho objeto. Explico esto con el sentido de responsabilidad personal e individual en cada relación, lo cual trae como consecuencia mediata y a largo plazo sacar lo mejor de la otra persona. Si pones de tu mejor empeño y dedicación a desarrollar la mejor versión de ti en el trato y comunicación hacia la otra persona en la relación (sea cual sea) verás resultados positivos acordes a tus esfuerzos. Esto no quiere decir en ningún momento que te vas a “desvivir” por la otra persona a darle todo lo que crees que esa persona desea o quiere, sino más bien trata sobre la forma y el estilo que utilizas al tratarle. Amor y respeto son dos ingredientes indispensables para el éxito de esta fórmula. Cuanto más fuerza (velocidad) impongas sobre tu relación, mayor será la fuerza (velocidad) del lazo que los una.

 

La tercera ley, acción y reacción, es muy sencilla de entender su funcionamiento en cualquier relación. Si vienes cual tempestad con rayos y centellas a decirle al otro hasta del mal que se va a morir, dentro de tu rabia expresada con ímpetu, has de esperar que la otra persona reaccione con la misma fuerza con la que entraste. Puede hacerlo de un modo activo respondiendo con el mismo nivel de agresividad con el que viniste, o con pasividad, dejándote saber muy claramente su malestar por otros medios quizás aún más dolorosos para ti.

 

En consulta privada suelo explicar a mis pacientes que cuando me narran la historia de sus estilos comunicaciones en las diferentes relaciones se me hace difícil de creer porque va en contra de todo principio de física. Es imposible lanzar una pelota en contra de una pared y esperar que la misma se nos devuelva a una velocidad diferente a la que la lanzamos. Muchos me han dicho con convicción, e inclusive jurando, que lanzaron la pelota en contra de la pared de modo sutil, suave, y la misma se devolvió a toda velocidad casi cortándole el pescuezo. Puede dar risa, pero todos sabemos que es físicamente imposible. La única forma que se te haya devuelto a esa velocidad es que la lanzaste con esa misma fuerza, quizás sin percatarte en el momento, pero a los hechos me remito.

 

La idea es poder tomar conciencia que todos en cierta manera aplicamos estas leyes a nuestra vida en algún ámbito y de alguna manera. Reflexionar y meditar al respecto puede ayudar. Que no haga falta que algo drástico suceda para que nos saque de esa posición de inamovilidad o terquedad.

 

Esta semana aplica física a tu vida. Revisa cuales leyes están dominando tus relaciones y responde acorde de tus necesidades y voluntad.

martes, 2 de junio de 2020

Indignación

No me sale otra palabra que pueda representar fielmente el estado emocional que aflora en todo mi ser observando la situación sociopolítica del país en el cual vivo y que hace veinte años abrió las puertas para mi familia y para mí.

Estados Unidos es un gran país, definitivamente es el país con mayores oportunidades que puedas vivir. He tenido la bendición de poder viajar por muchas ciudades alrededor del mundo y constatar la grandeza de este hermoso país y de su gente. Como todo, tiene muchas cosas negativas de las cuales espero pueda modular en algún momento y atenderlas con la celeridad y urgencia que amerita. Tal es el caso del profundo racismo arraigado en ciertas clases sociales. Repudio con todo mi ser personas destinadas y juramentadas para defendernos y cuidarnos a que nos hagan daño. Sin importar el color de piel, nuestro idioma materno u orientación sexual, todos los seres humanos tenemos derecho a defendernos y ser tratados con humanidad.

Sueño con el día de ver esas mismas masas perturbadoras de la paz social, en lugar de estar atacando y destruyendo la propiedad privada, tanto de pequeños comerciantes que no merecen ese trato como de las grandes marcas y empresas, quisiera verlas enardecidas en contra de las clínicas que permiten abortos, de los que matan o dañan a los animales o de centros de prostitución y abuso de menores..

Espero que toda la tecnología que ha sido desarrollada en este país sea utilizada para localizar a todos los que vandalizaron las propiedades privadas y las públicas, las cuales nosotros pagamos con nuestros impuestos. Espero que todo el peso de la ley caiga sobre esos perturbadores y saqueadores del bien ajeno. Deben correr con la misma suerte que el policía que le quitó la vida a del señor Floyd, a quien de paso habría que investigar, pues utilizó un billete falso para pagar y estaba en estado de ebriedad manejando. Queda claro que no es monje de capilla ni Boy Scout. Su mal comportamiento y el hecho que haya infringido la ley no amerita el uso de la fuerza y mucho menos privarlo de ese bien tan preciado al que llamamos vida. Pero igual hay que sopesar las responsabilidades de nuestras acciones. Estar en el lugar correcto con la conducta apropiada ayuda a minimizar desgracias como estas.

Me parece percibir la mano peluda (y que conste que no guardo rencor hacia personas y/o animales con abundancia de vellos) de la izquierda facinerosa, muy probable caribeña y suramericana, juntándose con la extrema izquierda Norteamérica para tomar partido de etas situación y ganar terreno en las encuestas para las elecciones de este noviembre. Creo que nuestro presidente tan amado y odiado saldrá triunfante una vez más. O por lo menos eso es lo que espero por el bien de mi país de origen (Venezuela) y del país que me acobija (USA).

Es mi pensar que las personas que se autodenominan como no racistas pueden no saber lo que están diciendo. Todo ser humano es racista por naturaleza. Me explico. Desde que nacemos crecemos con la idea acomplejada que para valorar algo tiene que sentirse como nuestro, igual o parecido a lo que conocemos. Lo que no nos percatamos es que esa posición defensiva viene de la inseguridad de nuestro propio ego. Si esta persona no se parece a mi o es diferente, entonces no está bien. Es una idea equivocada. El miedo al cambio y a lo diferente puede tener un mimo lugar de origen: la incertidumbre. Este es el primer enemigo de la paz mental. A la mente no le gusta no saber que viene luego, y por eso crea la ilusión del control y de lo conocido. Hay que instruirse y educarse para enseñar a futuras generaciones que el ser diferente está bien y que todos somos iguales en naturaleza, sobre todo desde la perspectiva espiritual, todos somos hijos del mismo Dios, creyentes y no creyentes.

Solo hay una raza: la humana.

La diferencia entre tú, yo y un miembro del KKK o del BP es que ellos exacerban su racismo intrínseco y lo manipulan emocionalmente en los niveles del odio. Si se pudiese medir el racismo con un aparato electrónico que determine el grado de racismo que padece una persona, quizás a ellos le marcara entre un noventa a un cien por ciento. Si ese mismo aparato se nos aplica a nosotros también diera una medida, mucho menor por supuesto, quizás entre un diez a un quince por ciento, y no contenga la carga emocional negativa del odio que es lo que tanto daño hace.

Me parece complicado no poseer ningún tipo de inclinación en temas diversos, sobre todo como el racial, ya que poseemos ideas, pensamientos, criterios, opiniones y paradigmas que nos llevan a sacar conjeturas acerca de prácticamente todo en la vida. Todos estamos “BIAS”, es decir, lo cual se traduce literalmente como parcializado, pero se entiende mejor como alienado de una idea preconcebida. Al tener criterio, el cual pienso casi todos lo tenemos, es imposible no tener una idea preconcebida contraria a lo nuevo y a lo diferente.

Bajo la premisa que donde hay odio no hay cabida para el amor, esas personas carecen o no han aprendido a desarrollar el músculo de su corazón que les permite sentir sensibilidad hacia lo diferente. Compasión, bondad y mansedumbre son valores que hay comenzar a sembrar de nuevo en nuestra sociedad. Solo depende de cada uno de nosotros en nuestros propios círculos sociales, familia, amistades, lugares de trabajo, siempre dando el ejemplo con nuestra propia conducta.

Quiero cerrar esta idea pidiendo nos unamos en oración para que nuestro padre celestial nos ilumine a todos y permita que podamos vivir dignamente los unos con los otros sin esas barreras raciales y florezca el sentido de la compasión y el amor mutuo.


jueves, 7 de mayo de 2020

Reputación, Reconocimiento y Voz Interior


Tal como lee la letra de la canción de Arjona: “tu reputación son las primeras seis letras de la palabra”, en ocasiones se puede sentir de esa manera. La reputación está basada en la opinión que tienen los demás de ti. Como tal, es decir, como cualquier otra opinión, es solo eso, un pensamiento, una conclusión, la cual puede estar basada en la realidad o en una mentira. Es una mera percepción de alguien. La reputación no puede ni debe representarte.

Lo que realmente es importante es la opinión que tienes de ti mismo. Para los que creemos en Dios, su opinión viene primero. Esas dos opiniones son las importantes. Y hasta ambas pueden estar erradas porque nuestros pensamientos pueden estar afectados por nuestra propia percepción, como posible consecuencia de baja autoestima o simple pensamiento negativo.

Para despejar dudas, lee en la Palabra con Dios opina de ti. Quedarás maravillado y extasiado de su inmenso e infinito amor. Luego revisa de que manera en que te hablas y reaccionas cuando cometes errores y fallas. Haz una lista de todas las cosas maravillosas que tienes como ser humano, como Hijo de Dios. Apréndetelas de memoria y recítalas a diario frente al espejo, créetelas, vívelas, y cuando ya las sientas como tuyas, puedes comenzar a prestarle atención a tus opiniones y pensamientos positivos.

Lo que definitivamente nos puede enmarcar en esencia, aparte de nuestro origen celestial, es el carácter que hemos formado a través de los años y las experiencias. Nuestra personalidad innata también entra en juego. Pero todas estas cosas realmente definen como nos compartamos frente a la vida y a los demás, de cuál madera estamos hechos.

Esto no implica en ninguna manera o forma que siempre debemos responder de determinada manera, y mucho menos que “tenemos” que ser perfectos. Se trata más de dejar el todo por el todo en el terreno, demostrándonos a nosotros mismos y a Dios que siempre estamos haciendo lo mejor que podemos. Si no lo hacemos bien o mejor, es porque en ese momento no sabemos cómo hacerlo, y eso está bien. No tenemos que saber en ese momento, y podemos aprender después.

Aunque nos guste y dispare los centros en el cerebro de placer el hecho de recibir reconocimiento del exterior, el único reconocimiento que necesitamos es el de Dios y el propio. Los otros vendrán por mera consecuencia del primero. Si viene, bien, y si no, también.

A este respecto, ponte a pensar, puede ser muy peculiar cuando le ponemos atención a las voces que nos hablan internamente. Pero es aún más interesante si entendemos la posición o prioridad que le damos a cada una de ellas.

En muchas ocasiones podemos estar prestándole más atención de lo ideal a las voces de las demás personas antes que a la nuestra, e inclusive, antes que a la voz de Dios dentro de nosotros, que es la verdadera voz que nos guía.

La consecuencia directa de tener ese orden es que vamos a reaccionar con rabia y frustración. Muy probablemente no nos guste o no estemos de acuerdo lo que nos dicen los demás, por mejores intenciones que tengan y por más que los amemos y nos amen, pero sus ideas y opiniones pueden ir en contra de nuestros verdaderos deseos. Nos da rabia por el simple hecho que muy dentro de nosotros sus voces tienen prioridad a nuestra propia voz interior. Esto quiere decir que le hacemos caso primero a lo que ellos opinan delante de nuestros propios gustos y deseos. Y allí mismo, muy dentro de nosotros mismos está nuestra voz interna sintiéndose aislada, menospreciada y muy poco querida y valorada. Es probable que internamente nos sentimos mal con nosotros mismos porque sabemos que no nos estamos dando el puesto que nos merecemos.

Si existe tal cosa como una organización ideal de las voces quedaría algo así:

1.          La voz de Dios
2.          Nuestra voz interna
3.          La opinión de nuestros seres queridos

Espero que esta reflexión haya calado profundo en tu corazón, y cuando te enteres de tu propia reputación ya no sean las primeras letras de esa palabra, te des tu propio reconocimiento y escuches tu propia voz antes que la de los demás.

miércoles, 29 de abril de 2020

Adicción a las emociones


A lo largo de casi dos décadas practicando la psicoterapia en diversos modos y estilos he podido constatar que un número no menor de personas han desarrollado lo que llamo adicción a la emoción.

Por ejemplo, cuando una persona nace y crece en una familia conflictiva, digamos que las peleas y discusiones son la norma (léase que ocurren a diario), esa persona logra desarrollar una identificación con un grupo de emociones causados directamente por ese ambiente de hostilidad en el hogar.

En semejante situación puede aflorar la emoción del miedo, disparada por todos los pensamientos correctos y apropiados dada la circunstancia, como que en cualquier momento puede suceder algo terrible. Esto suele venir acompañado por los pensamientos catastróficos característicos de esa emoción, en donde se puede llegar a pensar que hasta la vida o la de un ser querido corre peligro. Y se va a reaccionar acorde a esa emoción y pensamientos.

También es predecible que emerja la emoción de la tristeza. Frente a un cuadro, que en la utopía coloquial se espera que la familia se muestre dentro de un ambiente amoroso, protector y sano, se pueda disparar esta emoción por el simple hecho de no experimentar lo esperado. El solo ver peleando a personas que supuestamente se quieren eso deprime por si solo.

Si estas dos emociones mencionadas con anterioridad se combinan y no logran aparecer espontáneamente, o lo que conocemos clínicamente como represión de las emociones, se puede dar el inevitable surgimiento de la rabia. Se copia el modelo utilizado a diario por los progenitores y demás personajes del cuadro familiar, y la persona crece pensando, durante años, que la vida funciona de esa manera, en conflicto, peleas, con rabia en su sistema de supervivencia. Esto pudiese explicar por qué algunas personas tienden al conflicto, a la pelea y suelen ser identificados por otros como personas agresivas. En un plano de su conciencia – si es que la tienen o la han desarrollado – logran reconocer que eso no está bien, pero no pueden evitarlo. Es una lucha continua y les deteriora su auto imagen, llegándolos a deprimir de tanto en tanto. A todas esas personas, les recuerdo la frase celebre: “lo que no haces consciente lo haces destino”. Esto quiere decir que si no te percatas del origen de tu conducta, lo más probable es que la repitas indefinidamente porque es lo que está aprendido y grabado en tu disco duro, llamado inconsciente. El piloto automático.

Esta circunstancia mantenida en el tiempo puede desembocar en una serie de elementos psicopatológicos de envergadura, sobre todo si no son atendidos con la premura del caso. Adultos que hayan salido de hogares de esa estirpe pueden llegar a desarrollar trastornos de ansiedad, depresión, ataques de pánico y hasta desordenes de personalidad, dependiendo de lo agudo de los casos y la mezcla de otros elementos importantes, pero que no vienen al caso.

En ningún momento estoy queriendo decir que por que se haya crecido en hogares disfuncionales y conflictivos se va a padecer de algo en edad adulta, pero este tipo de situaciones colaboran en demasía con la aparición de las dolencias antes mencionadas.

Por más que pueda ser percibido como una situación negativa (la cual es), en la mente subconsciente puede quedarse plasmada como algo de pertenencia. Algo así como la voz interna, tácita, a veces casi muda, te dice: “Aunque esto es un caos, es mi casa, mi hogar, mi familia, dentro de todo, es acá en donde me siento a salvo y seguro”. Es la paradoja de la mente. Buscando equilibrio y seguridad, puede asentar creencias perniciosas.

Ahora bien, el comprender de dónde sale esta adicción a las diferentes emociones no justifica en lo absoluto su vivencia prolongada. La persona que logre caer en cuenta de lo que sucede tiene la obligación de tomar la decisión y determinación de cambiar ese patrón de comportamiento, con la ayuda de profesionales de la salud mental, acompañado del desarrollo de la espiritualidad con el soporte de su iglesia y demás técnicas y procedimientos que vayan acorde al mejoramiento de la conducta y al manejo de las emociones.

No vamos a dejar de sentir las emociones, a Dios gracias, pero podemos librarnos de la adicción a ellas.

jueves, 23 de abril de 2020

Vivir alquilado



Sin querer entrar en diatribas de temas que no domino, como el de las inversiones, solo comento que hace años leí uno de los libros de Robert Kiyosaki, reconocido inversionista y conferencista en esos temas, en donde explica que es mejor vivir alquilado, y la casa que compres alquilarla. En ese libro se explican las razones.

Fue de allí que saqué mi excusa perfecta para siempre vivir alquilado. Desde que llegué a este país, hace más de veinte años, he vivido en casas alquiladas. Es muy cómodo. Hoy escuchando una entrevista al maestro Facundo Cabral le oí decir una frase que me recordó mi solución de alquilar mis hogares. Dijo algo como que aquí estamos solo de paso, estamos prestados, como alquilados a la vida.

Comparto ese pensamiento con él. Al vivir alquilado, como cuando vas a un hotel, no quieres ni permites crear lazos afectivos con el lugar. Sabes que pronto lo vas a evacuar, y no hay nada allí que te ate. Así es la vida, con la diferencia que hay muchas cosas, que si le damos permiso, nos van a atar y se crean lazos afectivos profundos con otros seres. Eso no está bien ni mal. Es solo una realidad.

Hago mi mejor esfuerzo de recordarme constantemente que estamos de paso. Que este alquiler que nos concedió nuestro creador tiene fecha de vencimiento. Es mejor dejarse fluir, no retener ni resistir. Pienso que es bueno disfrutar lo que se tiene en el momento. Dejar de añorar las cosas del pasado ni estar pendientes de las cosas de un futuro incierto. Es vivir un día a la vez, es vivir aquí y ahora, no mañana, no ayer.

Si estamos muy pendientes de las cosas que dejamos, que perdimos, o de las posibles amenazas de ese futuro incierto, perdemos lo verdaderamente valioso. Nuestra vida en el momento presente. Esta conciencia del vivir anclado en el presente se desarrolla un paso a la vez. Con diez a veinte minutos de meditación diaria. Con oración diaria y continua. Con reflexión y contemplación.

Si vives en el vagón del tren rápido de la vida, en donde ves pasando todo a tu lado a gran velocidad: despertar, bañarse, desayunar, ir a trabajar, volver a casa, hablar, discutir, ver televisión, y luego dormir nuevamente, sin parar, no estás viviendo. Estás hipnotizado por ese tren en movimiento, y se te olvida que estamos alquilados.

Por esta razón te invito a que la próxima vez que te encuentres como autómata repitiendo las labores diarias, y lo vas a saber fácilmente porque las emociones negativas como la ansiedad o la depresión van a estar presente y agudas en tu vida, detente, piensa, y recuerda; Estoy alquilado.

viernes, 17 de abril de 2020

Pare de sufrir


En gran parte de los Estados Unidos (la parte hispanoparlante) y de Latinoamérica es bien conocida la frase “Pare de sufrir”. Es casi un slogan acuñado por la iglesia cristiana brasilera. Es ese tipo de iglesias que prometen lo imposible con tal de ordeñar a sus fieles hasta que quedan secos.

Soy cristiano, esa es mi fe, pero de ninguna manera apoyo ni comparto las estafas de miles de iglesias “cristianas” como esas que solo están para enriquecer a sus pastores y seguidores cercanos. En este momento de pandemia, en donde la humanidad necesita mas que nunca acercarse a Dios, desarrollar su vida espiritual, hay que mantenerse bien lejos de ese tipo de pseudo iglesias y pastores. Lo más anecdótico de esto, es que ellos siempre ofrecen curas y sanaciones y ahora que los necesitan, no aparecen por ningún lado y los que están no curan a nadie. Interesante.

Pero la idea de escribir acerca del pare de sufrir es desde una verdadera perspectiva espiritual es que el sufrimiento solo se va a detener cuando dejemos de existir. Solo cuando estemos al lado y en presencia de Dios en el cielo es cuando vamos a parar de sufrir. La Palabra nos recuerda constantemente que mientras estemos en este mundo vamos a sufrir, pero no por eso vamos a perder esperanza y mucho menos fe.

Hace unos días atrás atendía a un paciente que rebasa los ochenta años y lucía consumido, triste, deprimido, con un peso enorme de sus culpas. Compartía conmigo su ausencia de perdón hacia si mismo por todos los errores y maldades que hizo a lo largo de su vida. Para un caso como esto solo hay que irse a lo básico de las escrituras. Lo que llamamos el evangelio en una píldora: Le hablé del perdón y del amor de Dios en Juan 3:16. De aceptar esa verdad y dejarla entrar no solo a su mente, sino también a su corazón.

El hombre me veía como si fuese extraterrestre, me decía con la mirada que no entendía o no quería entender. En momentos de la vida, los seres humanos nos compartamos de una manera tan terca y soberbia que pretendemos ser más grande que nuestro creador. Si Dios, que nos hizo y nos ama, ya nos perdonó todos nuestros pecados, nuestras malas andanzas, ¿por que nosotros no nos vamos a perdonarnos a nosotros mismos? Eso es puro orgullo, ego y soberbia.

Preferimos tener la razón a ser salvos. Le comenté que Jesús comentaba que para entrar al reino de los cielos hay que ser como un niño, con su inocencia, todo lo crea, nada cuestiona. Pregunto: ¿Acaso es tan difícil hacer eso? Para mucha gente la respuesta es sí. Cuando caminas con los ojos y el corazón de la fe andas por caminos inimaginados, con una sonrisa y esa paz que sobrepasa todo entendimiento humano.

Es por esta razón que los invito a retomar el camino a Dios, a reencontrase con el creador. Salimos de El, y con la ayuda de Dios, a El volveremos pronto. Regocija tu corazón en su amor y deja que sus alas te abracen y te cubra en medio de toda esta calamidad.

Dios está contigo, Dios está en control. Dios es todo. Con Dios el sufrimiento tiene final. Solo con Dios se para de sufrir. Amen.